Casi bomba

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Arreglando un poco los productos de limpieza que tengo debajo del fregadero, he empezado a sacar tarros y tarros que se “escondían” en la parte de atrás. Me ha entrado miedo al ver la capacidad de explosionar que tenía ahí. Que si para quitar el moho, que si desengrasar absolutamente o dejar el inodoro para tomar un cóctel…

Como es de suponer, algunos botes estaban en fase de descomposición  –más miedo todavía– y eso que el contenido era mínimo. ¿Para qué puñetas guardaría yo esos restos tan peligrosos? La mayoría de ellos advierten en sus etiquetas que no se deben verter al desagüe de la casa –ya el miedo me ha subido de nivel–. Me doy cuenta, que si supiera o quisiera,  podría hacer una bomba tranquilamente.

Hago un inciso aquí. Yo me he pasado toda mi vida trabajando fuera de casa,  de ahí mi desconocimiento con los productos de limpieza. He comprado sin saber bien qué o para qué eran.

¿Qué hacer con esos potenciales componentes de una bomba? ¿Dónde depositar el líquido que sobra?

Menos mal que se evaporan y ya apenas si quedan restos, pero te digo que he pasado una mañana de casi pánico por mor de tanta limpieza.

¡Uf!

Un día en mi vida.

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Empezó Septiembre con la marcha en masa de los asiduos veraneantes a nuestro pueblo.

Ya se puede pasear por las calles de Chipiona e incluso saludar a las personas conocidas, ¡adiós fulanito! ¡hasta luego menganita! ¡me alegro verte chiquilla!…etc.                            Ya tú sabes, lo propio de un pueblo pequeño.

Ahora es buen momento para emprender cualquier labor que tengamos pensada, para poder dejar de hacerla luego con una buena excusa. Empezar una dieta, ir a clases de bailes de salón, apuntarnos un año más al gimnasio, clases de cocina…

Para mí, que en este año 2018 que nos llegará dentro de tres meses, cumplo sesenta y cinco años de vida, la única propuesta que tengo es vivir con la mayor calidad de vida posible cada minuto hasta el año próximo.                                                                                  Ya con eso me conformo. Si encima aprendo filtiré sería demasiado.

Morir, cuestión de tiempo.

N. y María

Has muerto de repente, en un grave accidente de tráfico.

Cuando me enteré me quedé en shock. Pero eso es algo que desde hace mucho te podía haber ocurrido en tus otros viajes tan arriesgados como peligrosos.

Pero, claro, yo creía que tú eras invencible. Y no, esta vez te ha vencido un camión chocando de frente contra tu autobús, en un país que para ti era una incógnita al mismo tiempo que muy deseado.

Me levanto cada mañana y pienso que tú ya no sufrirás estos dolores en las articulaciones o la espalda y me voy conformando y pienso que por lo menos de esto te librarás.

Siempre fuiste la más valiente de todas nosotras, la más arrojada y la que menos temía a los avatares de la vida. Sobre ti y tu modo de vivir siempre había que discutir. Para mí fuiste un ejemplo a seguir y esperaba ser como tú en algún momento. Cosa que no conseguí.

El otro día te hicieron un funeral de los que a ti te disgustaban tanto, pero claro, ante una tragedia de esta magnitud ¡qué se puede decir! Ya tú ves, estuvo hasta el ministro del interior… Me callo.

Te has ido y morirse es cuestión de tiempo. Todos nos iremos.

Hoy, 02-08-2017, Facebook ha vuelto a inhabilitar la pàgina “Las cloacas del sistema”

¿Queremos saber o no?

Las cloacas del sistema

Así es, amigo lector, nos han vuelto a eliminar Las cloacas del sistema en Facebook, y ya van cuatro veces, donde estábamos denunciando a los verdaderos culpables del crimen de Alcasser y el caso bar España, una red poderosa de pederastas que lleva actuado desde hace mucho tiempo en la Comunidad Valenciana, y que son los mismos que violaron, torturaon y asesinaron a las niñas de Alcasser y a muchos ninos más. Ya sabéis que hay implicada gentuza como Carlos Fabra, Bernard Alapetite, Giuseppe Farina, Francisco Camps y muchos más. Facebook està de parte de estos depravados pederastas y de la mafia que gobierna España. De momento, nos podéis seguir en nuestro canal de Youtube Las cloacas del sistema. Muchas gracias y hasta pronto!

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Veraneo en los años 60

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Mi familia, allá por los años 60 del siglo pasado, no tuvo nunca vacaciones de ni de verano, ni de ninguna otra estación meteorológica. Tampoco yo conocía a nadie que las tuviera. Así de “ricos” éramos entonces.

Entre 1963 y 1967, tendría yo entre 10 y 14 años  más o menos, fue cuando mis padres decidieron llevarnos a mi hermano y a mí a pasar el día 18 de julio a Jimera de Líbar que tenía un río y así nos remojábamos y nos podíamos poner los bañadores que nos compraron para ir a las colonias infantiles.

Tomábamos un tren que salía al amanecer desde la estación de Ronda y que, las veces que fuimos, siempre estaba hasta los topes de personas, bultos y demás enseres propios para pasar una buena temporada aunque se sabía que volveríamos por la noche.           No recuerdo que en estos viajes lograra ir sentada en ninguno de ellos, lo que sí recuerdo es el olor a humanidad a comida y a bebida que al subir allí había; además de las voces y gritos de unos y otros muy nerviosos y excitados por aquel veraneo insólito.

Al llegar a la estación de Jimera había que cargar con los bultos que te tocaran según las órdenes paternas o maternas. Yo casi siempre me hacía con una sandía o un melón y listo.                                                                                                                                                 Todos bien pertrechados nos poníamos en marcha hacia el río, (olvido contar que también venían tíos, primos, vecinos, compañeros de trabajo de mi padre, etc, etc.) Aquello era una cadena humana que iba hacía la diversión que aportarían las sombras de los árboles o algunas colchas que ponían nuestras madres para sentar a los niños encima.

Se pasaba el día entre baños, comer y beber como si no hubiera un mañana.

Luego al atardecer era al contrario: la misma cadena humana pero ya descargada de las muchas basuras dejadas a orillas del precioso río. El tren llegaba a la estación de Jimera abarrotado, con el mismo personal que a la ida aunque un poco más calmados.  Casi todos los años que fuimos la luz de los vagones del renqueante tren brillaba por su ausencia, lo que hacía que una gran mayoría durmiera y las voces eran menos.

También recuerdo lo “reventá” que caía en la cama esa noche.

Mal rollo

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En los sitios de veraneo ir a comprar un par de barras de pan u otra cosa necesaria se convierte en un suplicio. No importa si es una tienda de vecindad o un supermercado enorme, el caso es que se va a esos sitios cargados de un estrés inapropiado que se palpa en el ambiente.

Los viejos y viejas de mi edad son los peores, con la cosa de que no se enteran o porque fingen estar agotados, siempre andan colándose en las filas del pescado, de la verdura o de lo que sea. ¡Ay hija, perdona pero no me había dado cuenta!

Hoy, al ir a pagar en caja, me dirijo a una en la que había solamente un señor con dos paquetes de hielo esperando a que le cobren, pensé que ese era el mejor sitio. No pude poner mis compras en la cinta porque ese hombre era mucho más alto que yo y hacía de barrera para mí. A esto que se acerca una mujer con un carro lleno hasta los topes y se pone a darle al del hielo toda su compra… Por otro lado escucho a dos que estaban discutiendo por un producto que ambos querían llevarse…

Había una tensión en el ambiente y una sensación de mal rollo que para qué voy a seguir contando.

Me volví y me puse a duplicar los productos que compré para no tener que ir en dos o tres semanas a por más.

Huelga decir que la mayoría están de vacaciones.