El libro de los gustos está en blanco (afortunadamente)

Todo sobre lo que escribo a continuación es fruto de mi opinión particular que no tiene por qué ser la tuya que te has tomado la molestia de leerme.

Soy amante de las series.

De las extranjeras más que de las españolas porque en este país no se sale del tópico vecinal y poco más. Bueno, puede que yo exagere pero para que salga una que merezca la pena…

De las españolas me gusta “El Ministerio del Tiempo” por el componente fantasioso y el buen trabajo actoral que hacen muchos de los que intervienen en ella.

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Además se puede ver a través de “RTVE a la carta“, cosa que es de agradecer.

Hace poco he visto la 3ª temporada de la serie producida por los hermanos Cohen:  “Fargo”  y la verdad es que me ha gustado mucho porque junto a las buenas interpretaciones de los actores (todos ellos) el guión, es magnífico.

La pasada semana me disponía a ver otra de las que todo el mundo habla últimamente: “American Gods’” . Terminé de ver el primer capítulo y no he podido hincarle el diente al segundo. No sé si es que ya me cansa que los guionistas escriban bajo los efectos de los sicotrópicos o que tanta violencia gratuita me repugna… el caso es que si alguno me puede explicar qué sentido tiene el argumento de este capítulo, lo agradecería.

También recibo con agrado recomendaciones de algunas otras series que hayas visto tú.

Luego está lo de que cada uno de nosotros tiene sus preferencias, de ahí que el dichoso libro de los gustos no esté aún escrito.

Hablando de Mercadona…

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Ayer, por lo que he leído, Salvados estuvo dedicado a Mercadona. Me encanta ese programa aunque no lo veo habitualmente. Para nada pienso que las noticias o testimonios que dan en él estén tergiversados o manipulados. No lo creo.
Partiendo de esta base, me atrevo a opinar yo también. Aunque ¿quién soy yo para opinar sobre Mercadona?
No sé los intereses que hay detrás de querer hundir esta cadena de supermercados, pero desde que entró a formar parte de nuestras vidas cotidianas, hay montones de personas que pueden llegar a fin de mes con los sueldos de caca que predominan en nuestro país.
Se oye la publicidad localista para comprar en los comercios del pueblo o ciudad.
¡Qué más quisiéramos muchos que comprar en la tienda de la esquina!
En Mercadona compro el doble al precio de la mitad en una tiendecita del pueblo.
Ejemplo: Por el precio de tres manzanas me traigo de Mercadona una bolsa de esas mismas manzanas, bueno, rectifico, mejores manzanas que las de la tienda. Así otros muchos productos que todos sabéis.
Huevos, yogur, leche, aceite, etc. Tienen un precio que se puede invertir en llevar a casa, mientras que en la tienda de barrio tendría que dejar de comprar alguno para pagar el resto.
Cuando estoy en Mercadona veo personas comprando que son familias de los que tienen esos comercios locales, cuando no veo a los mismos propietarios allí.
Sin embargo todo el mundo está loco de contento con las grandes superficies tipo El Corte Británico, propiedad de personas que no sabemos si pagan aquí sus impuestos o despiden a sus empleados mal pagados cuando faltan tres días al trabajo por una gripe.
Igual hay una campaña para que dejemos de ir a Mercadona, para así podernos manipular mejor todavía de lo que ya lo hacen.
¿O me habré vuelto muy mal pensada?

“De vascos y andaluces”

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Vi la primera temporada de la serie “Allí abajo”  A mi parecer fue algo así como estirar la película “8 apellidos vascos” pero capítulo a capítulo. Mereció la pena solamente por ver a los grandes actores que la protagonizan: Alberto López, Alfonso Sánchez, Mariano Peña, Salva Reina, entre otros.

Cuando anunciaron la temporada siguiente pensé en aquel dicho “Segundas partes nunca fueron buenas” pero echar unas risas y pasar el rato me impulsó a verla. Ayer, al término  del capítulo 4, me empezó a entrar por dentro un malestar cabreante mala leche que me hizo apagar la tele del tirón.

Resulta que ya no era solo el machismo o los estereotipos llevados a las últimas consecuencias, tanto vascos como andaluces, también se potenciaba el “poderío” sexual por encima de la razón en la mujer y el maltrato físico a uno de los personajes vascos con una bofetada que lo hizo caer escaleras abajo, la gota que colmó el vaso. ¡Buen ejemplo para la no violencia!

No me reí nada y se me quedó un mal cuerpo enorme. Parecía como si los guionistas estuvieran probando mi aguante. Ni que decir tiene que hasta ahí llegó para mí esta serie.

No me extraña que se lean críticas como esta: “”Así, esta serie consigue estereotipar y simplificar a los andaluces, dividiéndolos en ignorantes, subnormales y más subnormales aún. Además, los vascos son torpes, rudos y con muy pocas habilidades sociales. Y se van de pintxos todas las noches.””

¡Vaya imagen que damos vascos y andaluces!