Casi bomba

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Arreglando un poco los productos de limpieza que tengo debajo del fregadero, he empezado a sacar tarros y tarros que se “escondían” en la parte de atrás. Me ha entrado miedo al ver la capacidad de explosionar que tenía ahí. Que si para quitar el moho, que si desengrasar absolutamente o dejar el inodoro para tomar un cóctel…

Como es de suponer, algunos botes estaban en fase de descomposición  –más miedo todavía– y eso que el contenido era mínimo. ¿Para qué puñetas guardaría yo esos restos tan peligrosos? La mayoría de ellos advierten en sus etiquetas que no se deben verter al desagüe de la casa –ya el miedo me ha subido de nivel–. Me doy cuenta, que si supiera o quisiera,  podría hacer una bomba tranquilamente.

Hago un inciso aquí. Yo me he pasado toda mi vida trabajando fuera de casa,  de ahí mi desconocimiento con los productos de limpieza. He comprado sin saber bien qué o para qué eran.

¿Qué hacer con esos potenciales componentes de una bomba? ¿Dónde depositar el líquido que sobra?

Menos mal que se evaporan y ya apenas si quedan restos, pero te digo que he pasado una mañana de casi pánico por mor de tanta limpieza.

¡Uf!

Grupos de Whatsapp

 

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Pocas personas de las que conozco no tienen algún grupo de Whatsapp. No voy a enumerar los temas ni la cantidad de personas que forman estos grupos; a veces forzados, a veces de uniones hipócritas…etc. No, sobre eso tendría que haber una enciclopedia voluminosa y no pretendo yo crearla.

Hoy me refiero al poco provecho que le dan algunas personas a determinados grupos que vendrían muy bien para aprender.

Si en tu grupo hay un cocinero y quiere explicar una receta, estupendo, si hay un contable y ayuda con la declaración de hacienda, estupendo. Lo malo es cuando alguien aporta algo al grupo y los demás ni siquiera hacen por comentar o agradecer esta enseñanza. Vamos lo de toda la vida se ha dicho de “echar perlas a los cerdos”

Prefieren algunos comentar hasta la saciedad cualquier pamplina sin importancia que fijarse en un artículo en el que se avise de un fraude, como por ejemplo este del cambio de colores: “Qué es el fraude del “WhatsApp de colores” y cómo evitar caer en la trampa”

Tener un grupo de antiguas alumnas de mi instituto es ‘guay’ al principio, luego ya el deseo de irme de él es lo que me ronda la cabeza cuando suena el aviso de nuevo mensaje. ¿Para qué me meteré yo en esto?

 

 

Hoy cometeré un delito

Andan diciendo por ahí que si los caracoles deberían ser animales protegidos, que no se deberían de comer, etc.  También leo esto:   “Existe una prohibición generalizada en la legislación española de protección de la fauna silvestre para su captura y comercialización” 

Solamente se refiere a la protección de los caracoles porque, por lo visto, de otros animales no se habla nada:

Rey cazador

Yo no metería en una olla a ninguno de los que se muestran en la imagen de ahí arriba, porque la verdad es que para poner tiernos a semejantes bichos, necesitaría una olla exprés de última generación.

Estoy deseando probar esta temporada un vaso de Helix Aspersa con su caldo y sus especias y luego que no me vayan a vender en el vivero de plantas el producto exterminador de caracoles para jardín:

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¡Ah! Y no se lo digas a nadie, vayan a venir las fuerzas de seguridad y me metan presa por comer animales protegidos.

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¡Vaya cabeza!

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A veces quiero decir lo que me ronda por la cabeza y callo.
Callo por no ofender a cualquiera que pueda leer mi escrito.
Callo por no saber si lo que escribo expresa en realidad lo que pienso.
Pienso demasiado y escribo poco.
¡Menos mal que ha salido el sol!

Quisiera…

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Quisiera escribir hoy una entrada que te gustara mucho, que te llevara a comentar qué te pareció.

Quisiera tener las musas conmigo para inspirar algo que no sea una pamplina más.

Quisiera que mis palabras fueran para ti un bálsamo en tu vida algo apretada.

Quisiera saber escribir para poder volcar los pensamientos que se me acumulan y no acaban de explotar.

Quisiera en fin, que no hayas perdido tu tiempo en balde y por lo menos te guste la imagen del romero en flor con su abeja y todo, que tomé hace un rato para mostrarte.

Que tengas un buen fin de semana.

Mi tontería de hoy

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Cuando yo trabajaba en la caja de ahorros, recuerdo que existían los ‘préstamos pignoraticios’ que eran préstamos que concedía la entidad con la garantía de un artículo (generalmente joyas) que una vez pagado se podía recuperar. Utilizo el verbo en pasado, porque no sé si actualmente se siguen concediendo esas pignoraciones.

Ayer en el mercado de abastos, en el puesto de las verduras, iba delante mía una señora con un abrigo de auténtico visón y con aspecto de haber conocido días mejores. Compró un par de distintas verduras y al ir a pagar los tres euros de la cuenta,  le dijo al tendero, casi con un hilo de voz: Apúntamelo.

Me quedé algo epatada. Fue como si la señora hubiera ido a comprar con semejante “disfraz de rica” queriendo decir que si no vuelve a hacer efectiva su cuenta, dejaría en prenda el abrigo. Vamos lo que aquí en Cádiz diríamos una pignoración de casa-puerta.

¡¡Las tonterías que se me ocurren en el puesto de verdura…!!

 

 

A gusto me quedé

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Hoy metidos ya en el año nuevo, me he decidido a hacer una limpieza en el móvil.

No ha sido por fuera sino por dentro, tenía fotos, mensajes, vídeos, etc. que ya ni recordaba que estaban ahí. Dicen que una limpieza al año no hace daño, pues eso.

Pasar archivos a un ordenador o disco duro para liberar espacio y sobre todo saber dónde están las fotos de la playa del año pasado, o del plato que te envió tu cuñada, es una faena de higiene mental.

Me he quedado como si me hubiera bañado en un río después de una caminata.

Más a gusto que qué.