Gordibuena, Fofisana…¡No!

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Hace unos días, a raíz de la aparición del libro de Magdalena Piñeyro, Stop Gordofobia, leía una referencia, que no recuerdo quien la escribe, pero me ha parecido que lo explica muy bien, así que aquí te la dejo por si interesa:

‘Stop Gordofobia y las panzas subversas’ es un librito pequeño, introductorio, pensado para divulgar, compartir y acercarse a una realidad presente en todos los países, en todas las sociedades, y que se alimenta principalmente de la publicidad pero que se reproduce en instituciones socializadoras, como la familia o el colegio. Un modo de discriminación estructural que, como explica la autora, nos afecta especialmente a las mujeres y nos coloca, así, en una posición de doble opresión. Un asunto que, más allá de estética, moral y supuesto rigor científico, es sobre todo político. La idea de las panzas subversas no es agrandar la norma estética para que quepamos algunos cuerpos. La idea es romperla, acabar con esa injusticia que desacredita socialmente a los cuerpos etiquetados como “no deseables”, para que quepamos todos y todas. O ninguno.

A mí me parece que ya está bien de llamar a las mujeres que no encajan en el canon creado ¿por quiénes…? “Gordibuenas” o Fofisanas” Si se trata de hombres, dicen gorditos o fuertotes, etc. El caso es tenernos bien fastidiadas con las modas y las tendencias, que si operación bikini, que si la dieta de las proteínas… ¡Anda ya!

A ver, si acaso, la dieta del cucurucho y listo.

 

‘Casi nada que ponerte’, la novela que me resistía a leer (y que devoré en un día) — Murray Magazine

Esta entrada no es de mi cosecha, me pareció bien recomendar este libro.

Saludos

Cuando un libro que habla de —por ejemplo— fútbol, política o moda es realmente bueno, gusta incluso a aquellas personas que se confiesan ajenas a estos mundillos. Esa es la prueba irrefutable de la calidad literaria y parece funcionar bajo la ley de que si algo te lo narran bien, y bonito, no importa cuál…

a través de ‘Casi nada que ponerte’, la novela que me resistía a leer (y que devoré en un día) — Murray Magazine