Grupos de Whatsapp

 

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Pocas personas de las que conozco no tienen algún grupo de Whatsapp. No voy a enumerar los temas ni la cantidad de personas que forman estos grupos; a veces forzados, a veces de uniones hipócritas…etc. No, sobre eso tendría que haber una enciclopedia voluminosa y no pretendo yo crearla.

Hoy me refiero al poco provecho que le dan algunas personas a determinados grupos que vendrían muy bien para aprender.

Si en tu grupo hay un cocinero y quiere explicar una receta, estupendo, si hay un contable y ayuda con la declaración de hacienda, estupendo. Lo malo es cuando alguien aporta algo al grupo y los demás ni siquiera hacen por comentar o agradecer esta enseñanza. Vamos lo de toda la vida se ha dicho de “echar perlas a los cerdos”

Prefieren algunos comentar hasta la saciedad cualquier pamplina sin importancia que fijarse en un artículo en el que se avise de un fraude, como por ejemplo este del cambio de colores: “Qué es el fraude del “WhatsApp de colores” y cómo evitar caer en la trampa”

Tener un grupo de antiguas alumnas de mi instituto es ‘guay’ al principio, luego ya el deseo de irme de él es lo que me ronda la cabeza cuando suena el aviso de nuevo mensaje. ¿Para qué me meteré yo en esto?

 

 

Hoy cometeré un delito

Andan diciendo por ahí que si los caracoles deberían ser animales protegidos, que no se deberían de comer, etc.  También leo esto:   “Existe una prohibición generalizada en la legislación española de protección de la fauna silvestre para su captura y comercialización” 

Solamente se refiere a la protección de los caracoles porque, por lo visto, de otros animales no se habla nada:

Rey cazador

Yo no metería en una olla a ninguno de los que se muestran en la imagen de ahí arriba, porque la verdad es que para poner tiernos a semejantes bichos, necesitaría una olla exprés de última generación.

Estoy deseando probar esta temporada un vaso de Helix Aspersa con su caldo y sus especias y luego que no me vayan a vender en el vivero de plantas el producto exterminador de caracoles para jardín:

anti limacos

¡Ah! Y no se lo digas a nadie, vayan a venir las fuerzas de seguridad y me metan presa por comer animales protegidos.

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¡Vaya cabeza!

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A veces quiero decir lo que me ronda por la cabeza y callo.
Callo por no ofender a cualquiera que pueda leer mi escrito.
Callo por no saber si lo que escribo expresa en realidad lo que pienso.
Pienso demasiado y escribo poco.
¡Menos mal que ha salido el sol!

Murió

inodoro

Nada, lo que pensé que nunca me iba a pasar me pasó.

Se me ha caído el móvil al inodoro. Cinco o seis segundos en el agua han sido demasiado tarde para él. Empezó a poner pantalla de quererse morir y un rato después ya no era teléfono.

Mételo en arroz, ábrelo (mi modelo de móvil no es fácil de abrir)  y a todo esto estoy hablando de un domingo y las urgencias celulares no las conozco todavía. Las buenas voluntades de los amigos consultados eran evidentes pero solo eran eso, buenas voluntades.

Mi móvil ha muerto.

No tengo teléfono fijo, así que dependo bastante de este aparatejo que no sabe bucear ni es sumergible. Voy a ver qué ocurre en los próximos días. ¿Seguiré teniendo a mis amigos del whatsapp? ¿Habrá vida después de los móviles? ¿Estaré conectada por encima de mis posibilidades?