“De vascos y andaluces”

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Vi la primera temporada de la serie “Allí abajo”  A mi parecer fue algo así como estirar la película “8 apellidos vascos” pero capítulo a capítulo. Mereció la pena solamente por ver a los grandes actores que la protagonizan: Alberto López, Alfonso Sánchez, Mariano Peña, Salva Reina, entre otros.

Cuando anunciaron la temporada siguiente pensé en aquel dicho “Segundas partes nunca fueron buenas” pero echar unas risas y pasar el rato me impulsó a verla. Ayer, al término  del capítulo 4, me empezó a entrar por dentro un malestar cabreante mala leche que me hizo apagar la tele del tirón.

Resulta que ya no era solo el machismo o los estereotipos llevados a las últimas consecuencias, tanto vascos como andaluces, también se potenciaba el “poderío” sexual por encima de la razón en la mujer y el maltrato físico a uno de los personajes vascos con una bofetada que lo hizo caer escaleras abajo, la gota que colmó el vaso. ¡Buen ejemplo para la no violencia!

No me reí nada y se me quedó un mal cuerpo enorme. Parecía como si los guionistas estuvieran probando mi aguante. Ni que decir tiene que hasta ahí llegó para mí esta serie.

No me extraña que se lean críticas como esta: “”Así, esta serie consigue estereotipar y simplificar a los andaluces, dividiéndolos en ignorantes, subnormales y más subnormales aún. Además, los vascos son torpes, rudos y con muy pocas habilidades sociales. Y se van de pintxos todas las noches.””

¡Vaya imagen que damos vascos y andaluces!

 

 

Último lunes de septiembre

Cuando llega este mes otoñal en el que van quedando pocos higos en la higuera que ya va perdiendo frutos y hojas, los pájaros se reúnen en los cables de la luz próximos al árbol y esperan a que llegue el momento oportuno para lanzarse sobre las  piezas más sabrosas.

Es un espectáculo que se da en muchos lugares de nuestra geografía, pero que con la vida tan acelerada que solemos llevar no nos damos ni cuenta. Solamente hay que mirar hacia arriba y en algún momento los animales, las plantas o los fenómenos atmosféricos nos sorprenderán agradablemente.

Así que si alguien me pregunta si me aburro porque ya no trabajo fuera de casa, me acuerdo de momentos como el de esta mañana y le respondo que alrededor hay mucho entretenimiento y no es plan de desaprovecharlo.

¡Que tengas buena semana y buena entrada de mes!

 

 

“Lo popular” 

Ya en ocasiones anteriores he ido a interesarme por determinado producto de perfumería y cosmética del Corte británico y la dependienta de turno me ha mirado despreciativa o simplemente me ha obviado y no me ha atendido. 

Parece ser que si no vas rubia teñida con mechas, boca botox y bolso de Luis Brutón, no eres nadie para esas entendidas en… ¿En qué? Porque a lo mejor la rubia teñida no tiene ni un euro y lo que va es a dar porsaco y a pedir muestrecitas. Mientras que la pobre como yo igual iba a gastarse el dinero en una crema de Chanel. 

El otro dia me encontraba yo en esos almacenes sin saber encontrar mi crema de manos preferida, así que le pregunté a una de las enteradas que estaba en Chanel y me dijo despectivamente y mirándome de arriba a abajo:

-Eso está en “lo popular”-  señalando para una dirección concreta y volviéndome la espalda para seguir ordenando tarros o lo que sea que estuviera haciendo. 

Así que una vez puesta en mi sitio por semejante “psicóloga”, me dirigí en esa dirección donde pregunté si aquello era “lo popular” 

La dependienta muy amablemente me dijo que sí y que en qué me podía atender. 

Después de la compra, aún flipada, pensé en los que dicen que no hay clases entre los trabajadores… ¡No ni ná! 

El paso inexorable del tiempo

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Con el tiempo casi he logrado acostumbrarme a ver mi cara y mi cuerpo en los espejos. Claro que también con el paso del tiempo, las cicatrices y averías varias han hecho estragos en él y es ahora cuando no tiene mucho arreglo.

En eso estoy conforme, sólo es cuestión de comprar unas tallas más de todo, unas gafas molonas y de vez en cuando un corte de pelo moderno.

Con estos pensamientos estoy cuando llegan los anuncios publicitarios que nos invaden, en los que se ve a una anciana jugando al fútbol con sus nietos, con un tipo de “modeli” que “pa” qué, o esos otros que te dicen que ahora, después de los 60, es cuando estamos en la plenitud de la vida. ¿Eso no era a los 40? Además lo que te anuncian son compresas para las pérdidas de orina o lubricantes para la vagina.

A mí, que me ha encantado siempre “ir de tiendas”,  se me revuelven los interiores al tener que comprar una rebeca o un pantalón. Casi todo está pensado para las mujeres con tipo de niña o para las mujeres que se machacan en los gimnasios. Y si crees que exagero, sal a buscar un pantalón de la talla 46 que no parezca hecho para las monjas ursulinas…

A no ser en una ciudad grande, claro. Ahí quiero pensar que hay de todo para alguien como yo.

También puedo empezar a operarme de estética para parecer una “chica de oro” de esas que salen en tv con más años que Matusalén y que son imposibles de distinguir de lo que se parecen unas a otras.

En fin, voy a por una manzana para merendar y no sigo engordando.