La cuerda

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El nacer y el morir son extremos de una misma cuerda. Eso me enseñaron a mí desde pequeña.

Hoy es el aniversario del nacimiento de un familiar mío. Hace 57 años que vino a este mundo. Antes, se paría en las casas y si había niños pequeños tenían que ser quitados del medio para dejar a los mayores con su tarea de ayudar en el parto. A mí, tal día como hoy,  me tocó hacer la maniobra del despiste con los pequeños de la casa. Yo con 6 años sabía qué era lo que iba a pasar y cómo vendría al mundo ese bebé, así que como era noche de verano con calor, subí a los niños a la azotea para que estuvieran atentos al cielo por si veían llegar a la cigüeña.

¡Seis años!

He recordado que mi madre y mi tía se encargaban con otras vecinas de amortajar a los difuntos de la calle como algo muy normal. Desafortunadamente en esa época morían muchas personas de enfermedades que ahora son totalmente curables o simplemente porque le “había llegado su hora”. El caso es que yo, que siempre tuve la curiosidad como vicio, me apuntaba a eso del amortajamiento como si me llevaran a la alameda; bueno, no tanto porque una vez en la casa del difunto se contagiaba una de la pena y no era divertido en absoluto.

En la actualidad, en nuestra sociedad de niños super-protegidos, éstos no tienen ni idea de lo que es un parto o un difunto hasta que son mayores. No digo que haya que hacerlos vivir esa experiencia de la dictadura que me tocó a mí, pero habría que ir desmitificando un poco estas dos experiencias vitales, sobre todo para que no les coja de sopetón en sus vidas.

Digo yo…

 

3 comentarios en “La cuerda”

  1. Qué bien expresas lo que sientes y lo que sentías!!!!
    Yo era es “ropa tendida” que nunca pudo ver un parto y mucho menos asistir a un amortajamiento… Era muy miedosa en la época…

    Besototes dobles!!

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  2. Completamente de acuerdo con todo tu texto, María, excepto cuando afirmas que eran experiencias de la dictadura. Antes de esa época nefasta, ya se paría en casa y se amortajaba a los muertos; eso aquí. Hay muchos países de África o América Latina, que siguen haciendolo.
    ¡Besazos!

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  3. Dices estupendo, María, es que lo del niño super-protegido es un craso error, como dicen por aquí “nin tanta mar, nin tanta terra” (ni tanta mar ni tanta tierra). Antes los niños eran adultos a la fuerza o por necesidad, pero hoy no hay necesidad de tener a los niños entre algodones hasta los 30 años, o más. No entiendo cómo nos podemos equivocar tanto lo padres con la información y educación que tenemos (afortunadamente no es el caso de mis hijos)

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