La cuerda

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El nacer y el morir son extremos de una misma cuerda. Eso me enseñaron a mí desde pequeña.

Hoy es el aniversario del nacimiento de un familiar mío. Hace 57 años que vino a este mundo. Antes, se paría en las casas y si había niños pequeños tenían que ser quitados del medio para dejar a los mayores con su tarea de ayudar en el parto. A mí, tal día como hoy,  me tocó hacer la maniobra del despiste con los pequeños de la casa. Yo con 6 años sabía qué era lo que iba a pasar y cómo vendría al mundo ese bebé, así que como era noche de verano con calor, subí a los niños a la azotea para que estuvieran atentos al cielo por si veían llegar a la cigüeña.

¡Seis años!

He recordado que mi madre y mi tía se encargaban con otras vecinas de amortajar a los difuntos de la calle como algo muy normal. Desafortunadamente en esa época morían muchas personas de enfermedades que ahora son totalmente curables o simplemente porque le “había llegado su hora”. El caso es que yo, que siempre tuve la curiosidad como vicio, me apuntaba a eso del amortajamiento como si me llevaran a la alameda; bueno, no tanto porque una vez en la casa del difunto se contagiaba una de la pena y no era divertido en absoluto.

En la actualidad, en nuestra sociedad de niños super-protegidos, éstos no tienen ni idea de lo que es un parto o un difunto hasta que son mayores. No digo que haya que hacerlos vivir esa experiencia de la dictadura que me tocó a mí, pero habría que ir desmitificando un poco estas dos experiencias vitales, sobre todo para que no les coja de sopetón en sus vidas.

Digo yo…

 

“Ronda, Feria de Septiembre”

Gitana

Ahora que llegan las ferias de septiembre en varios lugares de España, aparece esta imagen de no me acuerdo qué año en Ronda (Málaga) Se me ve de flamenca con el único vestido de este tipo que he tenido en mi vida. Creo que era verde y negro, me lo hizo mi madre y me duró varias ferias, pero no, no tuvo que añadir ni un volante; yo creí que iba a crecer más pero mi gozo en un pozo: me quedé así y así sigo. La cara de disgusto era por el dichoso moño que me hizo mi tía y que me clavó horquillas a punta pala para que no se me escapara ni un pelo. ¡Ah! Y laca, no es decir que no me echaron laca. Desde entonces no puedo ni olerla.

Lo que se ve de fondo es el cuartel que había en el llano, que ahora es un aparcamiento y la obra es del “Edificio Serranía” que hay enfrente del citado estacionamiento.  Los tejados eran casi todos de casas de vecinos de la calle San José, en las que se hacinaban muchas personas en apenas un par de habitaciones por familia.

Como la feria la montaban en la puerta de la casa de mis padres sólo tenía que bajar las escaleras y caía en los coches de choque.

¡Qué tiempos!

 

“El que tiene un amigo tiene un tesoro”

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BRIAN

Tener amigos y conservarlos es el verdadero tesoro.

Fallan las formas algunas veces y otras fallan las intenciones. En la mayoría de los casos, es raro mantener un amigo desde la infancia o la juventud.

No sé si será porque damos por sabidas cosas que nos hacen pensar en una amistad a prueba de bombas o simplemente porque pensamos distinto de algo que antes era común a los dos. El caso es que cuando un amigo de los de siempre se va de tu vida es más doloroso que cuando se va uno recién conocido o los llamados “amigos de taberna”

A estas alturas de la película ya no siento tanto dolor por los amigos que creía míos e incluso comprendo sus razones para olvidarme. ¡Ojalá y me sepan disculpar lo que les he podido hacer de mal! Es que yo soy muy rarita…

Hoy me ha dado por ahí. Me ha dado por acordarme de mis queridos amigos perdidos y de los que voy a perder de aquí a que me vaya de este planeta para no volver.