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La pregunta que cada vez oigo con más frecuencia es:
¿Cómo nos las apañábamos hace poco sin WhatsApp?

Fontaneros, albañiles, herreros, distribuidores, transportistas, promotores, artistas y un largo etcétera, trabajan con este tipo de mensajería.
Los hijos, padres, amigos y conocidos estamos todos bajo la eterna cariñosa vigilancia de esas señales grises o azules que nos indican si estamos vivos o muertos. Si hemos tardado o no en responder empezamos a alertarnos y pensar en avisar al WhatsApp del 112 o al 061.

Aún recuerdo cuando en la otra casa en que vivía aquí en Chipiona, la única vecina de la calle que tenía teléfono, me avisaba a voz en grito de la llamada de mis padres para saber de mí.
Apenas si han pasado 30 años de eso y parece que fue en la Edad Media.
¡Uy! Termino ya, que me silba mi WhatsApp.